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Poesia

Penumbra

Tengo mi mirada fija
en la penumbra de la noche
Tratando de entender
¿Quien soy y de donde vengo?

La melancolia invade mi alma
siento como va entrando
lentamente en mis venas…
… Como me va quemando
por dentro sin poder hacer nada.

De mis preguntas no encuentro
respuesta alguna.

Entre sollozos escucho
lamentos de mi alma,
mi alma desgastada por esta inmunda sociedad…
… Mi alma que no alberga ninguna misericordia
y que no se tienta el corazon para no acudir
a otro llamado.

Sé que me he comvertido en una narcisista
pero tambien sé que no puedo dar
lo que a mi nunca me han dado.

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Esperanza Perdida

La Esperanza Abandona

En la
esquina al lado de mi ventana

Ahí
cuelga una fotografía solitaria

No
hay razón

Nunca
lo notaria

Un
recuerdo que podría sostenerme detrás

Hay
una herida que está sangrando siempre

Hay
un camino que estoy caminando siempre

Y yo
se que nunca volverás a este lugar

Pasando
días sin hablar

Hay
una comodidad en el silencio

Tan
acostumbrado a perder toda ambición

Luchando
para mantener lo que queda

Hay
una herida que está sangrando siempre

Hay
un camino que estoy caminando siempre

Y yo
se que nunca volverás a este lugar

Una
vez desecho, solo hay humo

Quemando
en mis ojos para cegar

Para
cubrir lo que realmente sucedió

Forzar
la oscuridad hacia mí

Hay
una herida que está sangrando siempre

Hay
un camino que estoy caminando siempre

Y yo
se que nunca volverás a este lugar.





Guerras luchadas

Vengo de muchas guerras luchadas

batallas a sable y sangre ganadas

El deseo de vencer cegada tiene mi alma…


En garfios de fuego

En metal reluciente

En mirada amarilla

Que reta al más fuerte

¿Que he ganado en esta entrega?

No tener lo que antes era

Ser temido en mis contornos

Tener precio a mi cabeza

El poder me da la fuerza

El doble filo la entereza

No hay enemigo que en instantes

Ante ella no someta

¿Que ha cambiado en mi camino?

¿Que madeja me atormenta?


Garrik

Viendo a Garrik —actor de la Inglaterra—
el pueblo al aplaudirle le decía:
«Eres el mas gracioso de la tierra
y el más feliz…»
                                 Y el cómico reía.
Víctimas del spleen, los altos lores,
en sus noches más negras y pesadas,
iban a ver al rey de los actores
y cambiaban su spleen en carcajadas.
Una vez, ante un médico famoso,
llegóse un hombre de mirar sombrío:
«Sufro —le dijo—, un mal tan espantoso
como esta palidez del rostro mío.
»Nada me causa encanto ni atractivo;
no me importan mi nombre ni mi suerte
en un eterno spleen muriendo vivo,
y es mi única ilusión, la de la muerte».
—Viajad y os distraeréis.
                                              — ¡Tanto he viajado!
—Las lecturas buscad.
                                          —¡Tanto he leído!
—Que os ame una mujer.
                                                —¡Si soy amado!
—¡Un título adquirid!
                                      —¡Noble he nacido!
—¿Pobre seréis quizá?
                                          —Tengo riquezas
—¿De lisonjas gustáis?
                                          —¡Tantas escucho!
—¿Que tenéis de familia?
                                              —Mis tristezas
—¿Vais a los cementerios?
                                                —Mucho… mucho…
—¿De vuestra vida actual, tenéis testigos?
—Sí, mas no dejo que me impongan yugos;
yo les llamo a los muertos mis amigos;
y les llamo a los vivos mis verdugos.
—Me deja —agrega el médico— perplejo
vuestro mal y no debo acobardaros;
Tomad hoy por receta este consejo:
sólo viendo a Garrik, podréis curaros.
—¿A Garrik?
                        —Sí, a Garrik… La más remisa
y austera sociedad le busca ansiosa;
todo aquél que lo ve, muere de risa:
tiene una gracia artística asombrosa.
—¿Y a mí, me hará reír?
                                              —¡Ah!, sí, os lo juro,
él sí y nadie más que él; mas… ¿qué os inquieta?
—Así —dijo el enfermo— no me curo;
¡Yo soy Garrik!… Cambiadme la receta.
¡Cuántos hay que, cansados de la vida,
enfermos de pesar, muertos de tedio,
hacen reír como el actor suicida,
sin encontrar para su mal remedio!
¡Ay! ¡Cuántas veces al reír se llora!
¡Nadie en lo alegre de la risa fíe,
porque en los seres que el dolor devora,
el alma gime cuando el rostro ríe!
Si se muere la fe, si huye la calma,
si sólo abrojos nuestra planta pisa,
lanza a la faz la tempestad del alma,
un relámpago triste: la sonrisa.
El carnaval del mundo engaña tanto,
que las vidas son breves mascaradas;
aquí aprendemos a reír con llanto
y también a llorar con carcajadas.
 

Cancion

 

Ve y coge una estrella fugaz;
fecunda a la raíz de mandrágora;
dime dónde está el pasado,
o quién hendió la pezuña del diablo;
enséñame a oír cómo canta la sirena,
a apartar el aguijón de la envidia,
y descubre
cual es el viento
que impulsa a una mente honesta.

Si para extrañas visiones naciste,

vete a mirar lo invisible;
diez mil días cabalga, con sus noches,
hasta que los años nieven cabellos blancos sobre ti.

A tu regreso tú me contarás
los extraños prodigios que te acontecieron.

 


Margarita

“Margarita, está linda
la mar,

y el viento
lleva esencia sutil de azahar;
yo siento
en el alma una alondra cantar:
tu acento.
Margarita, te voy a contar
un cuento.”

 

“Éste era un rey que
tenía

un palacio de diamantes,
una tienda hecha del día
y un rebaño de elefantes,

un kiosco de
malaquita,

un gran manto de tisú,
y una gentil princesita,
tan bonita,
Margarita,
tan bonita como tú.”

 

“Una tarde la princesa
vio una estrella aparecer;
la princesa era traviesa
y la quiso ir a coger.

La quería para hacerla
decorar un prendedor,
con un verso y una perla,
y una pluma y una flor.”

“Las princesas
primorosas

se parecen mucho a ti:
cortan lirios, cortan rosas,
cortan astros. Son así.

 

Pues se fue la niña
bella,

bajo el cielo y sobre el mar,
a cortar la blanca estrella
que la hacía suspirar.

 

Y siguió camino
arriba,

por la luna y más allá;
mas lo malo es que ella iba
sin permiso del papá.

 

Cuando estuvo ya de
vuelta

de los parques del Señor,
se miraba toda envuelta
en un dulce resplandor.

 

Y el rey dijo: «¿Qué
te has hecho?

Te he buscado y no te hallé;
y ¿qué tienes en el pecho,
que encendido se te ve?»

 

La princesa no mentía.
Y así, dijo la verdad:
«Fui a cortar la estrella mía
a la azul inmensidad».

 

Y el rey clama: «¿No
te he dicho

que el azul no hay que tocar?
¡Qué locura! ¡Qué capricho!
El Señor se va a enojar».

 

Y dice ella: «No hubo
intento;

yo me fui no sé por qué;
por las olas y en el viento
fui a la estrella y la corté».

 

Y el papá dice
enojado:

«Un castigo has de tener:
vuelve al cielo, y lo robado
vas ahora a devolver».”

 

“La princesa se
entristece

por su dulce flor de luz,
cuando entonces aparece
sonriendo el Buen Jesús.”

 

 “Y así dice: «En
mis campiñas

esa rosa le ofrecí:
son mis flores de las niñas
que al soñar piensan en mí».

Viste el rey ropas
brillantes,

y luego hace desfilar
cuatrocientos elefantes
a la orilla de la mar.

 

La princesita está
bella,

pues ya tiene el prendedor
en que lucen, con la estrella,
verso, perla, pluma y flor.

 

Margarita, está linda
la mar,

y el viento
lleva esencia sutil de azahar:
tu aliento.

 

Ya que lejos de mí vas
a estar,

guarda, niña, un gentil pensamiento
al que un día te quiso contar
un cuento.”